En Monte Solana, esta villa es un mirador privilegiado donde el auténtico espíritu mediterráneo cobra vida. Sus 176 m² se despliegan como un espacio abierto al encuentro y la celebración: interiores que fluyen sin barreras, estancias que se enlazan con el exterior como si la casa respirara hacia la terraza, y una piscina que brilla como un oasis privado bajo el sol.
Las vistas son su firma más poderosa: un abrazo panorámico de 180 grados que recorre las montañas y se funde con el mar en el horizonte, bañando cada rincón de luz y serenidad. Aquí, el paisaje no solo se contempla, se convierte en parte del hogar.
La construcción ya ha comenzado.